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El escándalo de los productos sanitarios y el problema de los perfluorocarbonados líquidos

Tipo: Artículo
Autores: J. C. Pastor Jimeno
Títuto Revista: Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología
Centro: Instituto Universitario de Oftalmobiología Aplicada (IOBA)

Ver anexo

Ante las informaciones que se están emitiendo a través del Consorcio de Periodistas de Investigación que afecta a varios productos sanitarios, y entre ellos a algunos de uso oftalmológico, creo que como responsable de un equipo de investigación que se ocupa desde hace más de 3 años de una de estas cuestiones, debería expresar nuestra opinión y algunas de nuestras vivencias.

Vaya por delante que la forma de presentar la información que están haciendo determinados medios de comunicación no me gusta. Me parece tremendista, contiene algunas falsedades y solo resalta los aspectos negativos. Pero, dicho esto, muchas de las cuestiones que subyacen en este escándalo contienen grandes dosis de veracidad.

Me ha molestado que en la información citada no se haya ni siquiera mencionado que, tras los pacientes, somos también los oftalmólogos (y el resto de los profesionales médicos) los que nos hemos sentido engañados y somos sin duda uno de los colectivos perjudicados, y sin ninguna capacidad de actuación.

En el caso concreto de los perfluorocarbonados líquidos, el comportamiento de nuestros compañeros, los oftalmólogos españoles, ha sido ejemplar. Cada caso de sospecha se ha comunicado oficialmente a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que ha actuado siempre con celeridad.

Pero es verdad que determinadas empresas han intentado ocultar la información y colgarnos el muerto. En marzo de este año, en el Congreso Norteamericano de Química una empresa dejó caer, por escrito, que este era «un problema español». Y en el reciente congreso de EURETINA celebrado en Viena, un colaborador del Comité Internacional de Normas ISO volvió a referirse, desde la primera diapositiva, a los efectos adversos del Ala Octa como «el problema español».

El hecho real es que desde octubre de 2015 sabemos que muchos de los test de citotoxicidad realizados al amparo de las normas ISO no han sido capaces de detectar los lotes tóxicos, y que a fecha de hoy algunas empresas no han modificado los mismos. Y no será porque no lo saben ya que, además de presentarlo en múltiples reuniones y congresos, lo hemos publicado en revistas de primer nivel.

Pero no todos los fabricantes los han cambiado porque, como ellos afirman, cumplen con las normas ISO, que son las que les permiten obtener el marcado CE, que como ya sabemos puede avalar como producto ginecológico una redecilla para distribuir mandarinas.

Otro de los problemas serios ha sido ocultar o tratar hacerlo, la información sobre casos de toxicidad aguda en otros países. Sirvan 2 ejemplos. Una compañera de un hospital universitario de los Países Bajos nos comentó que tuvo varios casos seguidos de endoftalmitis estériles con un aceite de silicona. Cuando lo puso en conocimiento de la empresa, esta respondió que era un problema local (¿?). O aquel compañero de Suiza que en el turno de preguntas de la sesión que organizamos en Viena, comentó delante de todos los que asistíamos, que había tenido casos sospechosos, los había puesto en conocimiento de su Agencia de Medicamentos, que a su vez había preguntado a la empresa suministradora, que negó la existencia de problemas. Y la agencia le hizo una auditoria de su clínica para ver si el problema lo tenía el.

Me ha alegrado ver a las autoridades europeas reclamar la creación de una Agencia Europea de Productos Sanitarios. ¡Ya era hora!, porque eso lo hemos dicho nosotros hace más de 3 años.

Pero me fastidian las presiones que he sentido (puede que sean imaginaciones mías) en foros internacionales para ignorar, obviar y bloquear nuestras iniciativas en este tema. No puede ser que un responsable de una empresa europea (no española), haya dicho que no son tantos casos, y que entra dentro de los riesgos normales. ¿Normales? Y si hubiese sido un familiar de él, ¿también le hubiese parecido un riesgo asumible?

O que el antiguo responsable de una empresa que se declaró en quiebra, para que sean nuestros servicios sanitarios quienes abonen las indemnizaciones a los pacientes, me pida en EURETINA, explicaciones por haber mostrado en una diapositiva, las declaraciones que se le atribuyen en un reportaje de un diario español de gran cobertura. En ellas el periodista afirma que el dueño de la empresa comentó que puesto que su producto era muy seguro, el problema de los casos de toxicidad y ceguera debió haberse producido por un mal uso del perfluorooctano por parte de los oftalmólogos españoles. Supongo, le dije, que si tus supuestas declaraciones no fueron ciertas, habrás denunciado al periodista. No tuve respuesta.

No me parece que la reacción de la sociedad, y mucho menos de las empresas tenga que producirse tras un escándalo monumental como el que se ha destapado estos días. Pero ya que ha sido así, aprovechemos las partes buenas.

No consintamos que el buen nombre de la oftalmología española, ganado tras décadas de buen hacer, pueda verse empañado por las manipulaciones de algunas empresas. Nosotros vamos a seguir colaborando con la AEMPS de la que ya somos oficialmente organismo colaborador desde septiembre de este año (BOE 22-10-2018), investigando para que los pacientes estén seguros en nuestras manos y para que la reputación de nuestros compañeros no se ponga en cuestión.

Eso sí: en esta tarea tenemos que seguir implicados todos los profesionales y continuar denunciando ante las autoridades sanitarias aquellas situaciones en las que sospechemos que el mal resultado funcional no parece deberse a nuestros errores (que, por supuesto, cometemos) ni a nuestra impericia. Una de las pocas verdades de toda esta lamentable historia es que los oftalmólogos españoles hemos actuado ejemplarmente.